LA ARQUIDIÓCESIS DE QUITO EN LA HISTORIA

1545-2006 *Virgen de Legarda, llamada Virgen de Quito.

 

Ponemos a su consideración un breve relato histórico de nuestra Iglesia Particular de Quito.

 

 

1.  El tiempo primero.

2. Erección del Obispado de Quito.

3. El tiempo Colonial y Republicano.

4. Quito, nueva Arquidiócesis.

5. Quito, sede Primada del Ecuador.

 

 


 

EL TIEMPO PRIMERO

 

La memoria del tiempo pasado, en el transcurso de los más de cuatrocientos cincuenta años que tiene el Obispadote Quito, es parte constitutiva de nuestra identidad actual y no puede ser ignorada.

Ciertamente existían, junto a núcleos exigentes de purificación fulgurantes destellos del Verbo en la profunda religiosidad de los aborígenes quiteños  o ecuatorianos y especialmente en aspectos básicos de la religión organizada y de gran relevancia social que se daba en el incario. Las semillas del Verbo germinaron en esas culturas, anticipándose a la Buena Nueva del Dios de la Vida y del Verbo Encarnado. Era, por ejemplo, proclamado por  el Inca Huayna Capac, padre del quiteño Atahualpa, el razonamiento de que el sol se movía “en círculo determinado y siempre de la misma manera”, como un llamingo amarrado a un poste, por lo que Dios (Pachacámac) debía ser superior  al astro solar y gobernados del mismo (Cf. González Suárez, Historia General de la República del Ecuador, Libro I, Cap III). Los valores de esta religiosidad natural, también algunos de orden ético y moral, demuestran que, si bien estas tierras y sus habitantes eran desconocidos para los europeos que llegaron hace cinco siglos, eran, sin embargo, “conocidos por Dios desde toda la eternidad y por El siempre abrazados con la paternidad que el Hijo ha revelado en la plenitud de los tiempos” (Juan Pablo II, Homilía, 1 de enero de 1992)

La Iglesia Católica, que a la vez es comunidad espiritual y asamblea visible, se inició institucionalmente en territorio ecuatoriano con la erección de la Parroquia eclesiástica de San Francisco de Quito pocos días después de la fundación española de la villa de San Francisco de Quito, el 6 de Diciembre de 1534. El Cabildo civil en sesión del 20 de diciembre de 1534, al realizar la traza de la nueva ciudad, señaló solar para el primer cura de la parroquia eclesiástica de Quito, el presbítero Juan de Rodríguez, junto con el destinado para la iglesia parroquial, al costado austral de la Plaza Mayor. En este solar Juan Rodríguez construyó la primera iglesia parroquial, que era pequeña, de adobe o tapial y cubierta de paja. La parroquia eclesiástica de San Francisco de Quito teóricamente debió pertenecer al Obispado de Panamá  que había sido erigido en 1513; pero desde el 5 de septiembre de 1536  dependió del Obispado del Cuzco, erigido en esa fecha y cuando el 14 de mayo de 1541 se erigió el Obispado de Lima, San Francisco de Quito dependió de ese Obispado.

Los primeros curas de Quito fueron los sacerdotes Juan Rodríguez y Francisco Jiménez. Los primeros religiosos que se establecieron en Quito fueron los franciscanos Fray Jodoco Ricke y Fray Marcos de Niza, el primer mercedario Fray Hernando de Granada y el primer dominico Fray Alonso de Montenegro.

 


 

ERECCIÓN DEL OBISPADO DE QUITO

 

Diez años después de la fundación española de Quito, se vio la conveniencia de tomar a Quito como sede episcopal y el Papa Paulo III, acogiendo el pedido del Emperador Carlos V, expidió la bula “Super specula Militantes Ecclesiae del 8 de enero de 1545, el año duodécimo de su pontificado.

 

Don Garcí Díaz Arias, sacerdote diocesano de origen toledano y canónigo de la Catedral de Lima, fue presentado por el rey de España para ser el primer Obispo de San Francisco de Quito. Fue consagrado en el Cuzco en junio de 1547, para llegar a Quito a mediados del Sigo XVI.

 

La erección canónica del Obispado de San Francisco de Quito, expedida por el Papa Paulo III el 8 de enero de 1545, fue ejecutada por su primer Obispo mediante documento del 13 de abril de 1546, dado en la ciudad de San Francisco de Quito ante el Arcediano Melchor de Rivera, el canónigo Juan de Ocaña, Gómez de Tapia, Andrés Lasso; con los testigos: el Rector de la Iglesia, bachiller Juan de Herrera, Pedro Alonso Beltrán, Andrés Sánchez da fe de este documento Gabriel de Heredia, notario público y secretario del Ilmo. Señor Garcí Díaz Arias, Obispo de Quito.

 

Este documento de erección fue recibido y aprobado por los prebendados de la Iglesia Catedral de Quito, aunque no había sido firmado por el Obispo Garcí Díaz Arias. Por ello, el segundo Obispo de Quito, Fr. Pedro de la Peña aprobó y recibió dicha erección canónica, en cuanto podía hacerlo por derecho, mediante documento firmado por él en Quito, el 27 de septiembre de 1569, antes los testigos: Lcdo. Ávila  y el Chantre, Don Diego de Salas.

 

Durante el tiempo de la Colonia, desde 1545 hasta 1789, el obispado de San Francisco de Quito abarcó el territorio sobre el que tenía jurisdicción la Real Audiencia de Quito, o sea, un territorio mayor de lo que es actualmente la República del Ecuador, pues se extendía desde Pasto al Norte y hasta San Miguel de Piura al Sur.

 


 

EL TIEMPO COLONIAL Y REPUBLICANO.

 

Cuando fue creada en 1545, la diócesis de San Francisco de Quito, la tarea fundamental del obispado de Quito fue la de la evangelización de los indígenas de ese extenso territorio. Los obispos de la colonia, como Fray Luis López de Solís, trabajaron intensamente en la defensa de los indios; Alonso de la Peña y Montenegro dieron orientaciones pastorales a los párrocos para la atención a los indios en el “Itinerario para párrocos de indios” .En la Colonia solo se desmembró el obispado de Quito el de Cuenca, el 1 de julio de 1786.

 

La Iglesia Quiteña ha avanzado en la historia juntamente con el pueblo al que ha servido y sirve, experimentando su misma suerte a través de sus avatares. Ha colaborado en la elevación de la estima de la dignidad humana, en la consolidación de la sociedad y en la dotación a la misma de un sentido trascendente, con tal eficacia, que con razón la Iglesia ha sido juzgada por la historiografía nacional como “modeladora de la nacionalidad”  (Tobar Donoso Julio, La Iglesia modeladora de la nacionalidad, Quito, 1945).

 

En el último tiempo de la colonia, con el centralismo de tendencia regalista impuesto por la dinastía borbónica y con episodios tales como la expulsión de los jesuitas y el desmantelamiento de sus misiones orientales, se conoció un período de estancamiento y decadencia.

 

Después la Iglesia de Quito acompaño al pueblo en el trance de la conquista de su independencia política. Fue exaltada la libertad, pero libertad cristiana, que encuentra en la cruz de Cristo su fundamento, según el famoso grito, atribuido a Eugenio de Santa Cruz y Espejo: “Salve cruce, libertatem et gloriam consecuto”.

 

Los trastornos de las guerras de la independencia, unidos a las pugnas con las nuevas autoridades republicanas, que se sentían herederas de los derechos del patronato de los monarcas españoles, convirtieron en penosas y debilitantes las partes más dilatadas del siglo XIX. En la mitad del siglo XIX, con García Moreno, se crean nuevas diócesis en Ecuador y se celebra un concordato con la Santa Sede.

 


 

QUITO , NUEVA  SEDE METROPOLITANA

 

El 13 de enero de 1848, el Papa Pío IX elevó el obispado de Quito, que ya tenía 303 años de existencia, a la categoría de Arquidiócesis Metropolitana. Como sede metropolitana, dejó de ser sufragánea de Lima, se convirtió en Sede Metropolitana de la Provincia eclesiástica de Quito, teniendo como diócesis sufragáneas a las diócesis de Cuenca y Guayaquil.

 

Desde 1848 la Arquidiócesis de Quito ha contado con trece arzobispos. Como el primer arzobispo fue el trigésimo obispo de Quito, esta sede Episcopal ha tenido hasta ahora cuarenta y dos obispos diocesanos, de los cuales los trece últimos han sido arzobispos.

 

Durante el siglo XIX, en la Presidencia del Doctor Gabriel García Moreno, se realiza la Consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús y al Sagrado Corazón de María, debemos considerar que esta consagración fue la primera que se hizo en el mundo. El Ecuador, país católico, por naturaleza quiso poner su vida, su trabajo, sus anhelos a los pies del Sagrado Corazón de Jesús. Incluso, el Gobierno Nacional, decreto que nuestra Patria ecuatoriana estará siempre consagrada al Divino Corazón de Cristo, y determinó en honor a dicha Consagración la Construcción de lo que hoy es la Basílica del Voto Nacional.

 

En 1895 estalla en el Ecuador la revolución liberal que inicia una feroz persecución contra la Iglesia. En 1906 se promulga una “Constitución atea” que establece el laicismo oficial en la educación pública; se prohíbe la administración del bautismo y la celebración del Matrimonio eclesiástico, si previamente no se ha realizado la inscripción de nacimiento en el Registro Civil o no se ha celebrado el matrimonio Civil; se prohibió toda manifestación de culto público fuera de las iglesia; la separación de la Iglesia y del Estado llevó a desconocer la personería jurídica de la Iglesia. En 1927 se prohibió el ingreso de sacerdotes extranjeros.

 

El 20 de abril de 1906, se produce un milagro sorprendente, que marca la vida de la Sociedad Ecuatoriana: Una litografía de la Virgen Dolorosa traída desde  Francia y que había sido colocado en el Comedor del Colegio San Gabriel, que en esa época había sido prácticamente perseguido por los gobiernos liberales, frente  a un grupo de 36 alumnos y 2 religiosos jesuitas, abre y cierra sus ojos, milagro que fue declarado como verdadero  por la Iglesia en un proceso sumamente riguroso.

 

Es indudable que, en el siglo XX, desde el Arzobispo de Quito, Mons. Federico Suárez, sus sucesores en la sede quiteña han cumplido un papel de gran fuerza orientadora en el Ecuador.

 

En 1937 se suscribió el “Modus Vivendi” entre la Santa Sede y el Gobierno del Ecuador, el cual aseguró a la Iglesia el libre ejercicio de sus actividades específicas. Se restablecieron las relaciones entre la Santa Sede y el Ecuador con la presencia en Quito de un Nuncio Apostólico. Para contrarrestar los efectos de la educación laica, el Arzobispo de Quito, Mons. Carlos María de la Torre, que en 1953 fue elevado al cardenalato, volcó sus esfuerzos a la multiplicación de establecimientos de educación católica, hasta fundar en 1946 la Universidad Católica del Ecuador.

 

En 1950 es canonizada en Roma Santa Mariana de Jesús, “La Azucena de Quito”. (Foto adjunta).

 

El Segundo cardenal ecuatoriano, Mons. Pablo Muñoz Vega, S.J, es el gran guía de la transformación propiciada por el Concilio Vaticano II.

 

A mediados de este siglo se consolida la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, de la cual han sido presidentes varios períodos arzobispos de Quito y ella impulsa y coordina la acción pastoral de conjunto en todo el país, aplicando las directivas del Concilio Vaticano II y de las Conferencias generales del episcopado latinoamericano.

 


 

QUITO SEDE PRIMADA DEL ECUADOR.

 

Sin embargo, como para el año 1995 en el Ecuador ya existían cuatro sedes Metropolitanas Quito, Guayaquil , Cuenca y Portoviejo; la Santa Sede, mediante decreto del 11 de noviembre de 1995 de la Congregación para los Obispos, elevó a la Catedral Metropolitana de Quito a la Categoría de Catedral Primada del Ecuador y al Arzobispo de Quito le confirió el título de Primado del Ecuador. Actualmente la Arquidiócesis de Quito cuenta con seis diócesis sufragáneas, a saber: Riobamba, Ibarra, Ambato, Guaranda, Tulcán, Latacunga.

 

* Datos tomados de la Relación Quinquenal año 2000.